Código Paz nace de una formación profunda en el filete porteño, pero no se detiene ahí.
Si bien esa tradición fue una raíz fundamental —y sigue siendo una herramienta viva dentro de mi lenguaje—, mi obra fue creciendo, desplazándose hacia un territorio experimental, donde distintas técnicas, materiales y decisiones intuitivas se fusionan para dar lugar a una identidad propia.
Hoy, Código Paz no responde a una sola técnica ni a un estilo cerrado. Es un lenguaje visual en expansión, una forma de intervenir objetos y superficies desde la presencia, la transformación y la singularidad.
Cada pieza es única, no replicable, y nace del cruce entre experiencia, exploración y sensibilidad contemporánea.
Mi trabajo se manifiesta en obras y en objetos intervenidos —discos, piezas decorativas, objetos personales— donde la personalización no es un agregado, sino parte esencial del proceso creativo.
Código Paz es eso: una firma que no se repite, un territorio en movimiento, una manera de crear desde lo que soy hoy.